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Terrorismo
y seguridad en la red
por
Antonio Ruiz Camacho
Escribo estas
líneas poco más de un día después del atentado
terrorista perpetrado contra Estados Unidos y,
pese a que en la calle y en la red la gente se
desenvuelve como todos los días, el mundo, y el
ciberespacio como extensión ya natural de él,
han cambiado radicalmente.
Esta situación
de guerra que involucra hasta el momento a varios
países del mundo desarrollado -hace un momento
la OTAN acaba de anunciar que todos sus miembro
apoyarán las acciones que EU considere necesarias
para contestar a este "ataque armado"- es la primera
que vive el mundo conectado digitalmente vía internet.
Ninguno de los conflictos bélicos ocurridos desde
el fin de la Segunda Guerra Mundial tiene parangón
con lo sucedido el pasado 11 de septiembre.
Desde el
ámbito de la red saltan a mi mente muchas inquietudes
y preguntas. La primera es que la seguridad del
mundo -al menos el de los llamados países libres,
entre los que se encuentra México con pleno derecho
desde el 2 de julio de 2000- se verá modificada
drásticamente, y las repercusiones para internet
no serán pocas.
La sensación
de libertad y de que las fronteras -comerciales
y políticas- habían comenzado a desdibujarse como
producto de la configuración de un nuevo orden
mundial basado en la globalización, habrá de sufrir
una vuelta de tuerca que busque combatir abiertamente
todo fanatismo que intente usar la vía del terror
para cumplir sus objetivos.
En este sentido,
los parámetros de libertad y falta de regulación
en la red mundial, me temo, podrían cambiar. Si
se llegara a saber que mediante internet los responsables
de los atentados compartieron información o siquiera
se comunicaron con algún motivo relacionado con
la preparación del ataque, el gobierno estadounidense
y detrás de él la Unión Europea, buscarían con
seguridad establecer medidas de vigilancia que
impidieran que el libre flujo de información digital
-caótico y desregulado de manera endémica en el
ciberespacio- pusiera en riesgo, una vez más,
la seguridad de los países democráticos.
La percepción
de pérdida de privacidad, que los usuarios veníamos
experimentando desde tiempo atrás, recibiría un
espaldarazo y una confirmación con estas medidas
-que tal vez agradeceríamos, por otro lado-, lo
que probablemente habría de modificar los códigos
de comunicación entre internautas con el fin de
mantener en la sombra parte de una seguridad privada
que, como hemos podido atestiguar en los últimos
años, se ha vuelto una cualidad de vida altamente
codiciable.
No se trata
de un cambio inocuo y baladí; los nuevos sistemas
de seguridad en la red constituirían todo un problema
para la seguridad empresarial y la soberanía de
los países menos desarrollados -¿bajo qué criterios
se establecería que EU o algún otro país pudiera
espiar la comunicación en la red?-, así como para
los opositores de ciertos regímenes políticos
opresores que no hagan uso de la violencia o el
terrorismo, pero cuyas demandas sean legítimas.
Sistemas
burlados
Al mismo
tiempo, sin embargo, esta pregunta que todo el
mundo se hace incesantemente -¿cómo fue posible
preparar un atentado de esta magnitud sin que
las autoridades estadounidenses lo descubrieran?-
yo me la hago desde la perspectiva de los supuestos
sistemas de vigilancia electrónica con que, al
parecer, contaba o cuenta el país más poderoso
del mundo.
Desde el
temido Echelon -cuya supuesta existencia motivó
la creación de una comisión de análisis en el
Parlamento Europeo- del Departamento de Estado
hasta Carnivore, el mecanismo de detección de
actividades delictivas en la red, creado por el
FBI, fallaron definitivamente en este caso.
Ni uno ni
otro pudieron adelantarse a los hechos -recordemos
que Echelon, supuestamente, revisa toda información
transmitida no sólo vía red, sino por fax, e-mail
o teléfono- lo cual, en términos de seguridad
y del presupuesto que les fue asignado para su
desarrollo, es gravísimo, pues era precisamente
un ataque como el del martes -aunque con seguridad
ni en su peor pesadilla los creadores de ambos
sistemas imaginaron que algo así sería posible-
lo que su puesta en operación intentaba evitar.
El mejoramiento
en los sistemas electrónicos de vigilancia así
como el debate sobre la necesidad de reforzar
la seguridad en la red y, en su caso, comenzar
a establecer reglas, parámetros y límites a las
actividades en línea, son dos de las tantas tareas
pendientes que se irán acumulando en la nueva
agenda no sólo de Estados Unidos y de la OTAN.
Aunque es
un tema de vital importancia, habrá que esperar.
Por el momento -repito que he escrito esto el
miércoles pasado- la tarea más importante de todos
los gobiernos democráticos es la búsqueda y captura
de los responsables de tan espantoso y cobarde
hecho, y combatir el terrorismo ahí donde se presente.
(Si tiene
familiares radicados en NY y aún no conoce su
paradero, recuerde que puede consultar la página
de supervivientes del atentado al World Trade
Center para mayor información.)
Supervivientes
del atentado:
www.ny.com/wtclist.html
Cruz
Roja Internacional:
www.icrc.org/icrcspa.nsf/c1256212004ce24e4125621200524882/8379360812
c5482cc1256ac40060a656?OpenDocument
Consulado
de México en NY:
www.consulmexny.org/
Comentarios:
arcamacho@milenio.com
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