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Mendigos,
Bombay, 1993
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Mendigos
por
Jerónimo Arteaga-Silva
¿Por qué
la leve sonrisa de la mujer? ¿Por qué la sorpresa
del pequeño de gran mirada? ¿No debería ser al
revés? Normalmente frente a la cámara los niños
sonríen y los adultos se sorprenden; si, como
dijo Mario Benedetti, "la fotografía es sobre
todo el fotógrafo", ¡caramba! estoy jodido en
ignorancia. ¿Qué sé yo de Steve McCurry? ¿Qué
veo del autor en esta fotografía? Probablemente
el auto sea un taxi y entonces podría crear una
historia que diga que en el transcurso del aeropuerto
al hotel, un semáforo mal sincronizado detuvo
su marcha y desde la comodidad del interior oprimió
el obturador; así de fácil, sin buscar la imagen;
los fotógrafos, ¿buscan o encuentran la imagen?
Alguien dirá que los encuentros son el resultado
de la búsqueda, pero, volviendo al autor y a la
imagen, ¿no es ésta una imagen fría, distante,
desde el otro lado? Es clara la imagen de una
pecera. ¿Quién está dentro, encerrado? ¿Nosotros
que los vemos o ellos que nos ven?
Seguramente
el autor quiso evidenciar esta duda, nos está
diciendo yo soy otro, diferente a mis retratados,
yo miro desde fuera, ¿o desde dentro? Pero desde
otro espacio. Como fotógrafo se debe asumir la
otredad porque, a final de cuentas, cada imagen
es una especie de autorretrato emocional.
Send me
to the electric chair, canta Bessie Smith
en mis bocinas; bien pudo estar sonando Bessie
en las bocinas de ese auto, es una posibilidad.
Finalmente, el gran valor de la fotografía es
tener por lo menos dos caminos: uno de ida y otro
de vuelta. La oportunidad de pensamiento que nos
da el contrasentido y las múltiples lecturas es
lo que tenemos que agradecerle a las grandes imágenes
fotográficas.
Vuelvo a
la pregunta inicial: ¿por qué la leve sonrisa
de la mujer? ¿Sonríe por amabilidad o sólo para
conseguir unas monedas? El pequeño mira la cámara
y se sorprende, la mujer mira al fotógrafo y le
sonríe. ¿Qué sé de los retratados? Que son hindúes
y seguramente pobres. ¿Qué sé del autor? Que es
inglés y gana suficiente. ¿Qué sé de mí?
Mientras
las gotas de lluvia resbalan por los cristales
imagino el inmenso dolor del fotógrafo al darse
cuenta de su propia comodidad en el interior del
auto, pero, ¿no es todo eso irremediable? Lo más
ingenuo sería pensar que el fotógrafo intenta
salvar con sus imágenes a esa gente, bastante
tiene con intentar salvarse a sí mismo.
En mis bocinas
continúa sonando Bessie Smith, lógicamente pienso
también en Eugene Smith, en su serie As from
my window I sometimes glance. Él, al igual
que McCurry, inició fotografiando la guerra y
terminó haciendo fotos desde ventanas, a la distancia,
también a él se le fue la vida intentando salvarse.
Para muchas
culturas, la fotografía tiene que ver con la maldad,
con la usurpación; dicen que sólo Dios tiene derecho
al poder de representación del ser humano a su
imagen y semejanza, por lo que consideran a la
fotografía una práctica demoníaca. Quizá tengan
razón y en realidad cada disparo es un nuevo pecado.
Lo paradójico es que los fotógrafos creemos lo
contrario: cada disparo nos salva.
¿Qué sé de
mí? Que bebo ron y tomo fotos, eventualmente escribo
y nuevamente escucho a Bessie lamentarse en mis
oídos, tan lejos de la India, tan lejos de Steve
McCurry y con tanto dolor entrando por mis ojos
cada día.
Foto:
Steve McCurry/Magnum
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