|
La
guerra que acecha
por
Jeanette Becerra Acosta
Un enemigo
invisible, insólito en sus propósitos, pequeño
y mortífero, acaba de asestar un terrible golpe
en el corazón de la potencia más grande que la
historia ha conocido. En sólo un día, el número
de bajas civiles supera a todos los militares
estadunidenses caídos en la Guerra del Golfo,
e incluso se cuentan en mayor número que las víctimas
del ataque japonés a Pearl Harbor. Los objetivos,
seleccionados con perversa precisión, atañen al
terreno de lo simbólico: los centros financiero
y militar heridos ante el azoro de propios y extraños,
que han visto por la televisión, una y otra vez,
las terribles escenas que inauguran el primer
gran conflicto del siglo XXI, donde se asoman
las nuevas garras de una guerra que acecha.
No importa
quién lo hizo
La declaración
de "una nueva guerra antiterrorista", anunciada
por el presidente George W. Bush en respuesta
a los ataques perpetrados contra las ciudades
de Washington y Nueva York el pasado 11 de septiembre,
289 años después de la última violación territorial
estadounidense a manos de los ingleses -sin considerar
la incursión de Francisco Villa en la frontera
norte Chihuahua-Texas durante la Revolución Mexicana-,
podría conducir a la militarización de su política
exterior y a una reactivación del intervencionismo
político-militar en las naciones del tercer mundo.
Con miles
de personas en las morgues de las dos ciudades
atacadas y más de cinco mil desaparecidos, Bush
reconoció finalmente que Estados Unidos está frente
a "un nuevo tipo de guerra", a la que su gobierno
se ajustará con ayuda de sus aliados. Esto para
combatir y castigar a los responsables de los
atentados que sacudieron a la nación más poderosa
del mundo y a su población, presa hoy de una ola
de nacionalismo que clama justicia. "No se equivoquen
-dijo el mandatario republicano-, mi decisión
es firme y decisiva en cuanto a ganar esta guerra
declarada contra América".
Analistas
e investigadores estadounidenses en asuntos de
seguridad e inteligencia, entrevistados vía telefónica
por MILENIO Semanal, manifestaron reservas
y preocupación ante lo que vislumbran como un
"irreversible cambio de rumbo" en las relaciones
entre este país y el resto del mundo. También,
en cuanto a los vínculos con sus vecinos México
y Canadá, con los cuales comparte sus extendidas
fronteras norte y sur, las que desde el martes
pasado se habrían convertido desde la óptica norteamericana
como "una amenaza a su seguridad nacional", por
ser presuntamente las vías de más fácil acceso
a los terroristas.
"En la cumbre
de nuestro poderío, nos revelamos ante el mundo
como un país vulnerable e incapaz de garantizar
totalmente la seguridad de nuestra gente", resaltó
Simon Serfaty, director del Programa de Europa
del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales
(CSIS, por sus siglas en inglés).
Este sentimiento
de humillación nacional, que en algunos círculos
académicos de Washington ya se nombra como el
"bautizo de fuego" de George W. Bush. Al igual
que su padre, quien recibió las aguas de la purificación
política tras la invasión armada a Panamá, en
diciembre de 1989, Bush Junior está obligado ahora
a hacer lo propio para demostrar que es un presidente
fuerte y aguerrido -aunque en las primeras horas
de la catástrofe se mantuviera a buen resguardo
en Nebraska-, y que más que nunca merece estar
sentado en la Casa Blanca, pese a que ganó unos
comicios más que cuestionables gracias a un "supuesto
fraude" orquestado en Florida, estado que gobierna
su hermano Jeb.
De ahí la
activación de un operativo de siete mil agentes
del Buró Federal de Investigaciones (FBI) y de
400 expertos "cazadores" de terroristas que para
la noche del miércoles 12, ya disponían supuestamente
de los primeros indicios para encontrar a los
responsables del ataque contra las torres gemelas
de Nueva York y contra el Pentágono en Arlington,
Virginia. Sin embargo, los especialistas están
seguros de que no pasarán muchos días antes de
que la Administración Bush ordene un ataque militar
contra posiciones terroristas en Afganistán, país
que asila al principal sospechoso de los atentados,
el peor enemigo de Estados Unidos, el multimillonario
saudita Osama bin Laden.
México
pasa a segundo lugar
En unos cuantos
minutos, después de los ataques aéreos contra
los centros neurálgicos de los poderes militar,
político y económico del vecino país, México descendió
al segundo lugar en las prioridades de Estados
Unidos. Hace apenas 12 días, durante la visita
del presidente Vicente Fox a la Casa Blanca, Bush
definió a nuestro país como su más importante
socio y amigo en el mundo. No obstante, el mandatario
republicano está obligado hoy a prestar más atención
a sus aliados europeos que finalmente son quienes
tienen los medios militares y económicos suficientes
para participar en "la caza" de los terroristas,
donde quiera que se encuentren, según palabras
del secretario de Estado, Colin Powell, el hombre
que ganó para Bush padre la desigual guerra en
el Golfo Pérsico al inicio de la pasada década.
"Por lo pronto,
México puede empezar a olvidarse de su propuesta
de una frontera abierta, pues en unos cuantos
días vamos a escuchar los primeros gritos en el
Congreso, que unánimemente exigirá al gobierno
de Bush la impostergable recuperación del control
de las fronteras, y tal vez hasta propongan la
militarización en ambos lados de las líneas divisorias
con Canadá y México", adelantó Larry Birns, director
del Consejo de Asuntos Hemisféricos (COHA), con
sede en la capital estadunidense.
Agregó que
en caso de optar por esa medida, la frontera sur
sería la más afectada a pesar de que Washington
conoce que la mayoría de los terroristas ingresan
a Estados Unidos vía Canadá. Sin embargo, los
legisladores saben que el Servicio de Inmigración
y Naturalización (SIN), perdió las dimensiones
reales de la avalancha de trabajadores sin documentos
que a diario se internan por la franja sur hacia
su territorio.
"Por esta
razón -subrayó Birns-, y desde luego con vistas
a las elecciones intermedias programadas para
el 2002, es previsible que los legisladores en
busca de reelección y los candidatos de ambos
partidos que quieren ganar una curul en la Cámara
de Representantes, se pronuncien a favor de una
política migratoria restringida y de línea dura,
lo que a su vez podría exacerbar los sentimientos
racistas contra los mexicanos y otros latinoamericanos
que en algunos casos podrían se tomados por árabes".
El experto
relató que en este momento, la gran mayoría de
la población está convencida de que fueron los
árabes quienes humillaron y sometieron a Estados
Unidos. "No saben cuáles árabes", dijo, pero las
reacciones hacia cualquier persona que tenga su
color o rasgos "es de repudio, miedo y en muchos
casos, incluso de odio". Para Birns, en consecuencia,
"es muy importante que México acepte que habrá
un cambio de atmósfera en sus relaciones con Washington,
sobre todo en materia de inmigración y por eso
creo que Fox tendrá que cambiar su tan exitosa
política de crear empleos en Estados Unidos para
los mexicanos y comenzar a generarlos en México".
Por su parte,
Daniel Smith, coronel jubilado del ejército al
que sirvió por última vez como agregado militar
en la embajada de Estados Unidos en Gran Bretaña,
y que actualmente es asesor en jefe para asuntos
militares y estratégicos en el prestigiado think-tank
Centro para la Información de Defensa (CDI), en
Washington, descartó la posibilidad de una militarización
fronteriza, aduciendo que de llevarse a cabo ésta
"no habría modo de mantener nuestra economía a
flote con una de nuestras dos fronteras cerradas,
mucho menos si clausuramos las dos".
En cambio,
el militar sugirió que la Administración Bush
fortalezca al SIN, y aumente el presupuesto destinado
a esa agencia a fin de que contrate personal adicional
que no sólo esté capacitado para detener el flujo
migratorio, sin contemplaciones, sino que también
pueda efectuar revisiones a fondo de cada vehículo
y cada persona que cruce la línea divisoria, aun
si dicho procedimiento genera retrasos y aglomeraciones.
Smith anticipó
que nuestro país podría ser en esta nueva guerra
"uno de los principales aliados" de Estados Unidos,
que ahora más que nunca "necesita del apoyo y
la cooperación diplomáticas entre las naciones
amigas como México". Esta alianza, según el militar,
se pondrá de manifiesto una vez que Washington
empiece a compartir su información de inteligencia
con el gobierno de Fox, para que junto con el
resto de naciones aliadas "trabajemos con mayor
eficacia para eliminar de manera definitiva la
amenaza del nuevo rostro terrorista internacional".
Debilidad
de los servicios de inteligencia
Para los
expertos en materia de seguridad nacional, los
responsables directos de la tragedia ocurrida
el martes pasado en Nueva York y Washington, son
las agencias de inteligencia que operan como una
enorme burocracia que está más interesada en proteger
su propio territorio que en cuidar de las vidas
de los ciudadanos que les pagan excelentes salarios
para que protejan sus vidas. "Están tan ocupados
peleando sus batallas políticas internas sobre
quién debe llevar el mando en una investigación
o quién debe recibir más presupuesto, que el trabajo
interagencias se ha convertido en un lastre...
y los terroristas se mueven rápido, más aún ante
un gigante tan pesado como Estados Unidos".
Michele Zanini,
investigadora de la Corporación Rand en California
y coautora del libro Countering the New Terrorism,
agregó que una de las mayores debilidades de las
agencias de inteligencia estadunidenses en la
actualidad, es resultado de su "fascinación" con
los métodos tecnológicos a su alcance y su desdén
por las fuentes humanas de información que son
claves para infiltrar a las redes del terrorismo
internacional. "Es imprescindible que contemos
con gente que opere al interior de los grupos,
que sea parte de las redes, ya que sólo así seremos
capaces de descabezarlas".
Uno de sus
colegas, con una larga experiencia en asuntos
de inteligencia que por razones obvias solicitó
anonimato, habló a MILENIO Semanal de sus reservas
sobre el anuncio de la Administración Bush de
comandar una coalición de países, con el apoyo
de la Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN) y el consenso de Naciones Unidas (ONU),
para combatir el terrorismo internacional. "No
hay duda que los atentados del martes serán la
justificación para desatar una cacería de brujas
sin precedentes dentro y fuera de Estados Unidos,
pues la Administración Bush ya tiene la justificación
que necesitaba para ejercer su autoridad militar
y sacudirse lo que aquí llamamos el wimp factor
para identificar a una persona que, como dicen
los latinos, no tiene cojones...".
Reveló que
desde hace más de cinco años, expertos en asuntos
militares y de seguridad advirtieron que una nueva
generación de terroristas, tanto nacionales como
extranjeros, que evolucionaron a lo largo de cuatro
décadas, estaban preparados para pelear una guerra
lenta pero sin tregua contra Estados Unidos, por
lo que era el momento preciso para "cerrar la
puerta" de la vulnerabilidad, transformar radicalmente
la doctrina estratégica de defensa del país y
cancelar cualquier posibilidad de permitir que
llegara "un ajuste de cuentas y una humillación,
posiblemente una cruenta humillación".
Entre ellos,
Eliot A. Cohen, profesor de Estudios Estratégicos
de la Paul H. Nitze School of Advanced International
Studies de la Universidad John Hopkins, Michele
Zanini de Rand y el propio experto que conversó
con esta reportera, habían enumerado también las
debilidades de las agencias de inteligencia del
país, que no solamente no propusieron métodos
innovadores para pelear contra el terrorismo,
sino que ignoraron con la prepotencia de quien
se siente intocable, las continuas amenazas del
nuevo y oculto rostro del terrorismo internacional.
"Hubo advertencias
de que esto iba a suceder, amenazas reales que
fueron publicadas abiertamente en los medios de
comunicación, sobre posibles ataques contra instalaciones
gubernamentales y de negocios en Estados Unidos,
e incluso se identificaron dos blancos más, contra
centros turísticos en Francia e Italia. Y ahora,
después de lo que sucedió el martes, la comunidad
de inteligencia aquí se encuentra sumida en la
mayor vergüenza, pues no puede justificar lo que
ocurrió, mucho menos cuando hace dos semanas Osama
bin Laden informó a un periodista de sus planes
para llevar a cabo una operación mayor contra
diversos aeropuertos estadunidenses", comentó
el experto en inteligencia.
Al igual
que sus colegas, el especialista radicado en Washington,
con acceso a información clasificada, dijo que
no se explica cómo Estados Unidos, con toda su
tecnología y una red de espionaje mundial que
en los últimos años se incrementó con la expansión
de la Agencia Antinarcóticos (DEA) y el FBI, no
tenga idea del sitio donde se esconde Bin Laden.
"Esto es completamente incomprensible pues casi
cada semana leemos aquí las entrevistas y declaraciones
que el llamado 'banquero del terror' ofrece a
periodistas de las agencias noticiosas y de diarios
y revistas de todo el mundo..." ¿Cómo es posible
que la prensa sepa dónde ubicarlo y la Agencia
Central del Inteligencia (CIA) diga que no tiene
la menor idea de dónde se esconde e incluso ofrezca
cinco millones de dólares por su captura?", demandó.
También criticó
a la inteligencia estadounidense, que desde su
punto de vista tuvo una reacción demasiado lenta
en el momento mismo en que el primer avión comercial
se estrellaba contra una de las torres gemelas
del World Trade Center. "Lo primero que pensaron
fue en un accidente aéreo ocasionado por fallas
humanas o mecánicas... tuvo que chocar el segundo
aparato y luego el tercero sobre el Pentágono
para que se dieran cuenta de que se trataba de
un ataque certero y planeado durante mucho tiempo,
para lograr infligir el mayor daño posible".
De ahí la
necesidad impostergable, según coinciden algunos
analistas, de que Estados Unidos reconstruya sus
sistemas de inteligencia con base en el convencimiento
de que el mundo entró ya en una nueva era de guerras
de tipo "irregular", cuando en el marco de la
globalización económica y de la política de mercados
abiertos, se ha destapado la triple caja de Pandora
del odio étnico, religioso y nacionalista. Unido
a las redes de organizaciones criminales transnacionales
que manejan los mercados de la droga y las armas
nucleares, biológicas y químicas, el paisaje actual
bien podría considerarse como el "nuevo desorden
mundial", un buen pretexto para que la Casa Blanca
vuelque ahora su anunciada venganza contra todo
lo que le resulte hostil.
Así lo han
venido deslizando desde hace algunos meses, mucho
antes del martes trágico, varios analistas cercanos
al aparato militar de Estados Unidos. Para ellos,
éste sería el momento también de que el presidente
Bush cumpliera su promesa de llevar a cabo una
"revolución" que transforme y actualice la doctrina
de defensa estratégica en todos los órdenes, incluso
mediante una limpieza a fondo de la obsoleta burocracia
que reina en el Pentágono y en las agencias de
inteligencia. Pero piensan que el gobierno en
Washington está obligado a comprender que a diferencia
del siglo pasado, las nuevas guerras se librarán
entre los débiles y los fuertes.
"La parte
débil se está rebelando y entiende muy bien que
no hay manera de derrotar de frente a su enemigo,
por eso es que su estrategia está dirigida a explotar
sus debilidades por y con el terror", explicó
Zanini. "Desde luego -afirmó- que no van a participar
en una guerra militar convencional porque también
saben que no saldrían bien librados, así que recurren
al terrorismo sin rostro que les permite alcanzar
su principal objetivo: asesinar al mayor número
posible de seres humanos y para eso, no necesitan
decir quién lo hizo, únicamente llevarlo a cabo".
Fotos:
Chris Hondros/ Getty Images/ Mike Segar/Reuters/
Sean Adair/Reuters
|