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Cómo
enterrar el sistema de seguridad pública
por
Jorge Fernández Menéndez
En el tema
de seguridad, en la PFP y el SNSP, se entremezclan
diferendos políticos con acusaciones administrativas
y legales sin tener claro dónde terminan unas
e inician otras.
Los sucesos
de este martes pasado en Nueva York y Washington,
con todas sus implicaciones, han logrado poner
en el debate público, nuevamente, el tema de la
seguridad no sólo en su vertiente de la seguridad
pública, sino también de la nacional. No sólo
en los términos de la soberanía entendida en su
acepción más tradicional, sino también por las
adecuaciones que tanto ese concepto como la propia
estrategia de seguridad pública y nacional tendrá
que tener para adaptarse a la nueva realidad internacional
como a los desafíos que esos fenómenos implican
para México, incluyendo nuestras versiones nacionales
de fundamentalistas, no siempre religiosos, pero
sí fanáticos y con objetivos e impulsores oscuros.
En este contexto
se han dado algunos fenómenos preocupantes, particularmente
en algunos aspectos preventivos, que parecen destinados
a acabar con todo lo que gira en torno al Sistema
Nacional de Seguridad Pública, pero sin reemplazarlo
por nada. Mayolo Medina fue removido de la secretaría
ejecutiva de esa instancia por haberse reunido
con el ex comisionado de la PFP, Wilfrido Robledo,
que mantiene un durísimo enfrentamiento político
y legal con el secretario de Seguridad Pública,
Alejandro Gertz Manero, y su presunta sucesora,
Gloria Brasdeferd, no ha sido confirmada por los
gobernadores miembros del consejo del propio sistema
y, además, no tiene experiencia alguna en esa
actividad. Es más, ni siquiera ha concluido el
proceso de entrega-recepción con el anterior secretario
ejecutivo porque no hay quien reciba esa documentación.
Una situación similar se da en la propia PFP (cuyas
labores y desarrollo deberían ir de la mano con
el SNSP) donde no se ha designado, aún, a diez
meses de iniciada la Administración Fox, un comisionado
responsable de esa agrupación en reemplazo de
Robledo Madrid. Es verdad que allí está el general
Francisco Arellano Noblecía, pero su responsabilidad
es al frente de las llamadas fuerzas federales
de apoyo, que son el corazón de la PFP pero que
son, también, fuerzas militares "prestadas" a
esa institución.
Lo cierto
es que en el tema de la seguridad, tanto en el
caso de la PFP como del Sistema Nacional de Seguridad
Pública, se entremezclan profundos diferendos
políticos con acusaciones administrativas y legales
sin tener claridad dónde terminan unas y comienzan
las otras. El hecho es que en el caso del Sistema
Nacional de Seguridad Pública el conflicto ha
crecido porque se involucra ya no sólo a su anterior
titular de la secretaría ejecutiva y quien vaya
a ser su sucesor, sino también, por la propia
configuración del consejo, a todos los gobernadores
del país y, por ende, a los partidos, que no están
de acuerdo con la decisión adoptada. Cuando se
decidió la salida de Medina del SNSP, sólo se
designó como interina a Brasdeferd, que no cuenta
con el apoyo necesario e incluso los gobernadores
priistas publicaron un desplegado protestando
por esa remoción, por las versiones sobre malversaciones
que se filtraron desde la propia secretaría y
la atribuyeron a razones exclusivamente políticas.
Al mismo tiempo, el presidente de la comisión
de seguridad pública de la Cámara de Diputados,
el panista Armando Salinas Torre (un hombre especialmente
cercano al ex procurador Antonio Lozano Gracia)
dijo sentirse extrañado por la decisión y agregó
que ni él ni su partido tenían queja alguna, al
contrario, respecto a la labor que había desarrollado
Medina en la SNSP.
Pero la indefinición
sobre el futuro del propio sistema ha continuado
porque pareciera que, en el fondo, lo que hay,
es una decisión político-empresarial. Para los
estratégicos sistemas de comunicación que integran
el SNSP, desde 1998 se decidió optar por los equipos
franceses de telecomunicaciones Matra, considerados
de los mejores del mundo, tanto que las propias
agencias de seguridad estadunidenses suelen utilizar
ese tipo de equipo para muchas de sus labores
de intercomunicación. La otra opción era la firma
estadunidense Motorola, sin duda una empresa muy
prestigiada, tanto como Matra. Pero había que
elegir una u otra tecnología, porque ambas no
son compatibles. Por decisiones de seguridad nacional
(basadas en el equipo que se requería y por las
exigencias de confidencialidad y encriptamiento
necesarias) se optó finalmente por Matra. Y, paradójicamente,
el centro de las acusaciones que ha realizado
la SSP a través de la Secretaría de la Contraloría
respecto a este caso, se concentra particularmente
en el porqué se contrató Matra en lugar de Motorola,
la empresa estadounidense que parece contar con
mayores simpatías sexenales que su competidora
francesa.
Lo cierto
es que se solicitó un informe a la Auditoría Superior
de la Federación respecto a la cuenta pública
de 1999, cuando se tomó esa decisión sobre este
caso. Y ese informe fue entregado a la Cámara
de Diputados el pasado 10 de septiembre. Vía la
Cámara de Diputados hemos obtenido una copia de
ese informe y sus conclusiones dejan muy mal parados
a los auditores de la SSP y la Contraloría.
En ese documento
se especifica que se revisó el proceso de adjudicación
de las adquisiciones de bienes para la Red Nacional
de Radiocomunicaciones para seguridad pública
a favor del proveedor Matra, para especificar
si el mismo se había efectuado de acuerdo con
las disposiciones legales y normativas y del propio
Consejo Nacional de Seguridad Pública, en el que
participan, además del gobierno federal, todos
los gobernadores del país.
Se especifica
que con base en la denuncia que se presentó ante
la Auditoría Superior de la Federación, se buscaron
presuntas irregularidades en ese proceso y daños
al erario federal causados por la adquisición
de esos equipos debido a que, según las autoridades
que presentaron esas denuncias, el equipo de la
empresa Matra "no funciona adecuadamente y está
en la obsolescencia". Además, se indicaba en la
denuncia que se había desaprovechado la infraestructura
instalada en diez estados de la República que
contaban con lo que definían, en la denuncia,
como tecnología de vanguardia proporcionada por
Motorola. En los medios se difundió, además, que
habría otras irregularidades, como que, por ejemplo,
se había comprado equipo de más, que había equipo
"ocioso" por más de 49 millones de pesos. Esta
denuncia, ni siquiera fue tomada en cuenta porque
el equipo "ocioso" es en realidad equipo que está
en espera de ser instalado en los diversos estados,
pero -sobre todo- se trata de un equipo de 110
radios de intercomunicación encriptada que se
tienen como reserva para cualquier operación de
emergencia o fuera del ámbito de las instalaciones
de la propia secretaría. Son los equipos de comunicación
que se utilizaron, por ejemplo, cuando se produjo
el famoso zapatour, custodiado en términos de
seguridad por las propias fuerzas de la PFP. Y
una cosa es tener equipo ocioso y, obviamente,
otra es contar con equipo en reserva. La interpretación
es tan absurda como cuando se exige al anterior
jefe de inteligencia de la PFP (el actual comandante
de la Policía Judicial Federal) Genaro García
Luna, los recibos de honorarios de los recursos
utilizados en el pago de confidentes (léase espías)
de la propia PFP, más aún cuando existía y existe
un fondo legal autorizado para ese fin.
Pero regresemos
al informe de la Auditoría Superior de la Federación
sobre este tema. El documento, que llegó a la
Cámara de Diputados el pasado 10 de septiembre,
sostiene que el proceso de adquisición se inició
con base en los acuerdos adoptados en las reuniones
del Consejo de Seguridad Pública de noviembre
del 97, agosto del 98 y 28 de enero del 99. Allí,
en las reuniones del consejo, se decidió, dice
el informe, que se continuaría con el procedimiento
para la instalación de la red nacional de comunicaciones
y que cada una de las entidades federativas revisarían
y en su caso adoptarían las características tecnológicas
de la propia red, aprovechando el equipo e instalaciones
existentes en cada entidad federativa. También
en esas reuniones se decidió la conformación de
un comité integrado por funcionarios de la Secretaría
de Comunicaciones y Transportes, la Comisión Federal
de Telecomunicaciones y peritos y asesores de
la Secretaría de Gobernación, que diseñaría y
evaluaría la topología de esa red. Finalmente,
con base en todo ello, la red nacional de telecomunicaciones
se instaló en dos etapas: la primera en 1998,
la segunda en 1999. En la primera etapa se decidió
la procedencia de que se adjudicara en forma directa,
por razones de seguridad nacional, la adquisición
de los bienes necesarios para la integración de
lo que denominó "un sistema de radiocomunicación
digital encriptado" para el SNSP. Allí fue donde
se decidió, entre las ofertas de las compañías
Matra y Motorola, que la primera era una mejor
opción porque cumplía "con la arquitectura planteada
y tiene una mejor estructura de red, así como
adelantos tecnológicos que la colocan como mejor
opción".
El Consejo
de Seguridad Pública se basó en el estudio técnico
del Centro de Investigación y Estudios Avanzados
del IPN que decidió que la oferta de Matra "ofrece
mayores ventajas de flexibilidad, modularidad
para el crecimiento y resistencia a fallas". Este
dictamen del Politécnico se realizó no a solicitud
del sistema de seguridad pública, sino de la propia
Secretaría de la Contraloría de la Federación.
Finalmente, hubo un tercer dictamen efectuado
por la propia Secretaría de Comunicaciones sobre
la viabilidad del proyecto y la asignación de
frecuencias. Esa primera etapa se formalizó el
9 de noviembre del 98. Para completar la red,
se realizó una segunda etapa de compras formalizada
en noviembre de 1999, con base en los anteriores
estudios.
Según el
estudio de la Auditoría Superior de la Federación,
se constató que los pedidos y la compra cumplió
con todos los requisitos de normatividad. La única
observación que hizo la Auditoría Superior es
que "no se atendió cabalmente lo que concierne
al aprovechamiento del equipo e instalaciones
existentes en cada entidad federativa". Sin embargo,
el problema que se presentaba en ese sentido es
que esas redes existentes en diez estados tenían
características analógicas y no digitales, por
lo cual la red perdería la capacidad de mantenerse
encriptada (o sea que no puede ser intervenida).
Pero es más, el retraso en la complementación
de la red deviene, en buena medida, porque sólo
dos estados, Sinaloa y San Luis Potosí, habían
interconectado sus redes a la red nacional. Finalmente,
la única recomendación que hizo la Auditoría Superior
de la Federación fue que el propio Sistema Nacional
de Seguridad Pública establezca mecanismos técnicos
para que las redes de los estados puedan compatibilizarse
con la red nacional e integrarse a ella. En otras
palabras, no hubo malversación alguna y lo que
falta, es trabajo para que la red nacional del
sistema se pueda integrar plenamente.
La red de
telecomunicaciones encriptada es central para
la estructuración del SNSP. Pero con todos estos
tejes y manejes, lo cierto es que los trabajos
se han retrasado en forma notable y pareciera
que en la búsqueda de revertir todo lo realizado
para que sea la empresa estadunidense Motorola
la que provea estos equipos (que ya están comprados
y funcionando), lo que está ocurriendo es que
se revertirá todo el camino avanzado hasta ahora.
Y el hecho es que uno de los pocos avances sustanciales,
reales, que hubo en el pasado inmediato en el
campo de la seguridad, es precisamente el de la
estructuración de este Sistema Nacional de Seguridad
Pública, mismo que hoy parece estar siendo abandonado
para comenzar, en un futuro incierto, a reconstruirlo
sobre sus ruinas. Ésa sí es, por lo menos, una
actitud negligente.
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