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Cindy Margolis.

 
 

Fama y oscuridad
por José Luis Martínez S.


El amanuense procura -inútilmente- olvidar la tragedia con las añosas imágenes de Nueva York contenidas en Fama y oscuridad, ese libro donde Gay Talese deviene incomparable observador de la vida cotidiana en esa ciudad loca, cautivadora y extremadamente insólita, como él mismo advierte antes de emprender el inventario de cosas, lugares y personajes proscritos de las guías de forasteros pero acaso los más reveladores y cercanos al corazón de la urbe donde la excentricidad es una constante. En sus textos, escritos hacia el final de los sesenta, Talese consigna la existencia en Nueva York de sicólogos de gatos, de estudios de sicodrama donde los asistentes maldecían e injuriaban a tipos enmascarados para conjurar odios y rencores contra jefes, recaudadores de contribuciones, padres, esposos y toda clase de tiranos; habla también de la tienda ubicada en el número 608 de la Calle Cuarenta y Ocho, donde era posible alquilar un león por 250 dólares al día o de aquella otra en la Cuarenta y Siete en la cual rentaban esqueletos auténticos por 35 dólares diarios... Con inocultable pasión, el creador del nuevo periodismo avanza en su descripción de Nueva York, en el recuento de las estrellas olvidadas, de los músicos callejeros, de las prostitutas, de los cocheros, de las adivinas y los bares y los baños públicos y los gimnasios y las salas de masaje y los cines y los teatros y los hoteles baratos y las mujeres "que a veces se acercan a las ventanas con ropa interior azul, a veces con ropa interior blanca y a veces sin ropa interior" para ser admiradas por incondicionales y agradecidos voyeurs. Talese dibuja una ciudad cuya escenografía indudablemente ha cambiado con el tiempo, pero cuyo espíritu permanece inamovible, como bien saben quienes alguna vez se han perdido en sus calles o disfrutado las promesas de sus noches; o indignado con la cobardía de quienes el pasado martes se empeñaron en la "pedagogía sanguinaria" contra la cual previene Fernando Savater, él mismo víctima de la intolerancia y el fundamentalismo... PATI, EL ROSTRO del despecho podría ser el título de una serie sobre la tormentosa relación entre Sergio Andrade y la Chapoy, quien alguna vez, con incomparable coquetería, le preguntó al compositor sobre su encanto con las mujeres y sólo obtuvo una discreta y fugaz sonrisa como respuesta. Hace unos días, Andrade volvió a despreciarla al negarle una entrevista previamente acordada, lo cual motivó su enojo y nuevas acusaciones contra él en las cuales se adivina la sed de venganza. Los prudentes cartujos miran estos acontecimientos desde la barrera, y piensan en la Chapoy como la versión femenina de Pedro Páramo, ese "rencor vivo" imaginado por Rulfo cuyos dardos son ahora experimentados por la cándida Guadalupe Loaeza, quien después de coincidir con ella en Brasil, donde conversó con Gloria Trevi, se ha convertido en su blanco favorito... Pobre Lupe, reflexiona la hermandad, porque la Pati es una mujer herida y por lo tanto capaz de todo. Ya lo verán ustedes, amados cinco lectores... EN LA LÍNEA de salida, los trapenses esperan el anunciado debut de Carmen Aristegui y Javier Solórzano en Televisa, donde dos veces por semana tendrán un espacio después del noticiario de Joaquín López Dóriga. Por el momento, afinan los detalles de su programa y depuran su lista de colaboradores, entre los cuales no estará Pedro Ferriz de Con, su socio en Imagen y uno de los más severos impugnadores de su incorporación al consorcio de Emilio Azcárraga Jean. Desde hace tiempo son públicas y al parecer insalvables las diferencias entre ellos... EL AMANUENSE EVITA por salud mental (de por sí precaria) escuchar los viernes la participación de Andrés Bustamante en Imagen. No porque él sea malo, al contrario, se le reconoce y admira como el mejor comediante de México, sin embargo, su patiño resulta intolerable: impertinente, grosero, protagónico y sin ninguna gracia. Lo interrumpe constantemente y casi nunca lo deja concluir un sketch, terminar una idea. Debería, piensa el cartujo, despedirlo cuanto antes. Al parecer responde al nombre de Pedro Ferriz de Con, tiene vocación de alfombra y es fanático de profecías apocalípticas... LA PRESENCIA DE Cindy Margolis en la santa sede inquieta a los novicios, tan poco acostumbrados a la belleza femenina, siempre terrible como diría Wilde. Por eso conjuran la tentación con la deplorable imagen de El Mosh pegando mantas contra la represión en la UNAM, tratando, inútilmente, de ganar reflectores mientras los participantes en el ciclo de conferencias acerca del caso Trevi-Andrade, organizado por académicos de Periodismo de la Facultad de Ciencias Políticas, debatían sobre esta historia al parecer interminable... QUERIDOS CINCO LECTORES, con la moral por los suelos, El Santo Oficio los colma de bendiciones. Amén.