Índice
En Portada
El efecto espejo
Artículos
Buzón
Cultura
Días extraños
El santo oficio
Tecnología
Negocios
Humor
 
    

Un nuevo mapa religioso en México
por Julieta Marín/ Felipe Gaytán

La configuración de los movimientos religiosos ha experimentado cambios importantes en años recientes. Se trata de un fenómeno que rebasa el aspecto confesional y tiene incidencias institucionales y políticas para el Estado mexicano. Este reportaje aborda precisamente el surgimiento de una nueva identidad religiosa en el país y la falta de condiciones sociales propicias para su desarrollo y comprensión.



 
   

En medio de una estructura gubernamental rebasada por la multiplicidad de opciones religiosas y, paradójicamente, una mayoría católica conservadora, el país construye en este siglo una nueva identidad religiosa que plantea el reto de comprender el rostro futuro de la religiosidad de los mexicanos.

La identidad religiosa debe entenderse como el conjunto coherente entre creencias, prácticas y rituales a los que una persona recurre para interpretar su trascendencia en el mundo (muerte, destino, su propia existencia). Cuando alguien se define de tal o cual religión, sabe que detrás de ello existen una serie de creencias y prácticas que lo definen como tal.

Es difícil conocer el nuevo rostro de la pluralidad religiosa en México. Aún más cuando los instrumentos que las instituciones públicas utilizan se vuelven limitados cuando no obsoletos, teniendo en cuenta que muchas personas ya no se identifican de manera clara con una sola identidad religiosa, sino que transitan por muchas de ellas.

Un fenómeno que plantea la nueva identidad son los llamados ciudadanos "sin religión", quienes no son ateos, pero profesan prácticas diversas que su entorno les impide aceptarlas abiertamente.

Es claro que, según las cifras de los últimos censos de población y las diversas encuestas que sobre los valores de los mexicanos se han realizado, existe una mayoría católica y una creciente minoría de otras adscripciones religiosas. Sin embargo, el predominio de la creencia católica no significa un predominio de la institución, en este caso de la Iglesia católica.

De acuerdo con los censos de población de 1990 y 2000, el predominio católico por encima de otras adscripciones es evidente. En 1990, 90.28 por ciento de los mexicanos se declararon católicos, mientras que apenas 4.92 por ciento se dijo no católico. Apenas 3.3 dijo no tener ninguna religión. Para el 2000 las cifras variaron. La religión católica se mantuvo como dominante, aunque disminuyó su porcentaje (88.8 por ciento). En cambio, el rubro de los no católicos creció en 7.7 por ciento. Igual ocurrió con aquellas personas que declararon no tener religión (3.5 por ciento).

Si bien los datos censales nos muestran las preferencias y adscripciones religiosas de las personas, no nos permiten saber el nuevo rostro de la identidad religiosa. Esto debido a que se centra en las preferencias institucionales y no en las diversas formas de vivir la creencia, la cual no se limita a una organización determinada como lo mide el censo.

Preocupación por la identidad

Recientemente, más de 200 expertos en el tema de 40 países del mundo se reunieron en México durante la XXVI Conferencia Internacional de la Sociedad Internacional de Investigadores de Sociología de la Religión. Uno de los temas centrales para la delegación mexicana fue el surgimiento de una nueva identidad religiosa en el país, y la falta de condiciones sociales propicias para su desarrollo y comprensión.

Durante su participación en la citada conferencia, el subsecretario de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación (Segob), Javier Moctezuma Barragán, precisó que ante la dependencia están registradas cinco mil 695 asociaciones religiosas en las que el predominio católico se impone con 90 por ciento, las iglesias evangélicas tienen 6 por ciento y otras denominaciones ocupan el 4 por ciento restante.

Más allá de los números que señala la Segob, existen otras agrupaciones que no se declaran así, pero que incorporan en su filosofía, prácticas y rituales elementos que bien podría definirlas como tales. Es el caso de múltiples asociaciones ecologistas, neomexicanas, indigenistas y naturistas, entre otras.

A pesar de que aún es notorio el dominio católico, "las iglesias se enfrentan a nuevos retos para dar cobertura a las aspiraciones y necesidades humanas de carácter tanto individual como colectivo, en este contexto se observa una tendencia a la pluralidad de creencias y el perfil que la distribución de los credos religiosos al interior de las comunidades ha adquirido un mayor dinamismo", planteó Moctezuma.

A juicio de Christian Parker, académico de la Universidad de Santiago de Chile, las identidades religiosas en México y en el resto del mundo deben conformarse de acuerdo con la demanda de los nuevos tiempos y a la nueva mentalidad de las feligresías.

"La explosión tecnológica rebasó a la Iglesia Católica, lo que ha influido en la conformación de las nuevas identidades religiosas en la que ha cobrado importancia lo que se ve y lo que se palpa, más que algún designio o castigo divino", afirmó.

En México la identidad religiosa se está construyendo a partir de la lenta descomposición del monopolio religioso católico, que siempre fue al mismo tiemplo plural y muy diverso. Sólo que ahora hay más conciencia de ello y existe una construcción de una alternativa múltiple y plural, consideró el investigador del Colegio de México, Roberto Blancarte.

Para el investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Rodolfo Casillas, en nuestro país el problema ya no es identificar cuáles son y dónde están las asociaciones religiosas, sino la manera de encontrar los caminos para que sus proyectos sociales lleguen a sus feligreses y conformar así una nueva identidad religiosa.

"No hay una sola identidad religiosa y no hay una sola forma de hacerla. De acuerdo con los proyectos de sociedad y con las actividades que se realizan para hacerlos posibles, se producen cambios o afirmaciones en las identidades religiosas que existen en el país", apuntó. Desde su punto de vista, existe un dinamismo generalizado que dificulta decir tal o cuál es el protagonista principal de esta nueva identidad religiosa.

"Salvo la atención mayor que se da a determinados jerarcas católicos", se trata de liderazgos sociales orientados, hasta el momento, más hacia adentro de sus propias organizaciones que hacia el público en general. La percepción general es que, nuevamente, son las minorías las más activas.

"Para decirlo coloquialmente: en cualquier sitio del país se encuentra uno una coca-cola y un pastor, pero no siempre hay un funcionario público o un agente de la Iglesia Católica".

Casillas aseguró que en el marco de esta explosión religiosa, las autoridades competentes se han visto rebasadas en varios aspectos: uno de ellos es el entrar en contacto con los crecientes grupos evangélicos que al tener formas diferentes de liderazgo y representación "no se sabe cómo se puede negociar con ellos".

"No hemos sabido cuál es el contenido específico del Estado laico que corresponde a este momento, cada vez se ve más desgastado el estribillo de que el Estado mexicano es laico, pero qué quiere decir eso a principios del siglo XXI", puntualizó.

Consideró que compete a las autoridades no sólo entender el aspecto religioso sino también el tener un conocimiento a fondo de temas como cultura, salud, instrucción religiosa en escuelas públicas y acceso a medios de comunicación. Es ahí donde se construye la nueva identidad religiosa, más allá de lo que se haga en los templos.

El fenómeno de los "sin religión"

Definirse como sin religión pareciera que da lugar a la desaparición de las creencias, pero este fenómeno tiene dos caras. Primero, decir sin religión no implica un ateísmo a secas, es más bien un reacomodo de la identidad religiosa fuera de las instancias institucionales tradicionales predominantes. Muchas personas no reconocen pertenecer a una iglesia particular, pues no se reconocen en ninguna de ellas.

Más bien, los individuos negocian de manera pragmática su identidad en un mercado creciente de cultos y creencias. Pueden acudir un día a la lectura de cartas para conocer su futuro e implorar la intervención divina para un problema de salud. Dependiendo de su problema o necesidad es que utilizan los símbolos religiosos.

Segundo, el fenómeno de los sin religión esconde una problemática que va más allá de lo religioso e implica trasfondos políticos y de violencia. En comunidades con predominio católico manifestar una religiosidad diferente conduce al rechazo y la expulsión. Este fenómeno se presenta, principalmente, en comunidades pequeñas en las que muchas veces las leyes de usos y costumbres son un candado que condena e impide manifestar abiertamente la preferencia religiosa.

"Si uno ve el censo del 2000 y toma como antecedente el censo del 90, va a encontrar a nivel de municipios a muchas comunidades donde la gente se declara sin religión", expresó Casillas. "Uno asocia que en estos lugares no va a haber gente sin religión con tanta facilidad , uno va a encontrar rápidamente un indicador de sitios donde la gente está encubriendo su preferencia religiosa por una razón que el dato numérico no dice y ése es un indicador de mucho cuidado", acotó.

En ejemplo de lo anterior, fue el hecho registrado en Ixmiquilpan, Hidalgo, donde 26 familias evangélicas fueron intimidadas para que dejaran el pueblo, por no querer sujetarse a los usos y costumbres locales que favorecían a la mayoría católica.

Otro suceso que puede reforzar esta afirmación son los más de 50 mil desplazados en Chiapas, que han sido expulsados de sus comunidades por admitir que su filiación religiosa es ajena a la de la mayoría. Roberto Blancarte coincide con esta visión y añade que los usos y costumbres son un impedimento para el avance de la pluralidad religiosa en México.

"El principal riesgo es la incomprensión y la intolerancia, como cada vez que se construye una nueva identidad religiosa y una nueva pluralidad. Sucedió cuando surgieron los cristianos y fueron incomprendidos, perseguidos y martirizados. Sucedió con el islam, que también nació en medio de incomprensiones y persecuciones. Sucedió con el surgimiento del protestantismo y las otras formas de disidencia cristiana. Sucedió con el nacimiento de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormona) y sigue sucediendo en los pequeños pueblos como en las zonas más urbanizadas y escolarizadas de este país", acotó.

"Se puede recurrir a distintos indicadores indirectos para tener una especie de pre diagnóstico de sitios donde se tienen señales amarillas que te están diciendo: aquí hay problemas latentes", afirmó Casillas. Dentro de esta delimitación, enumeró los estados de México, Chiapas, Tlaxcala, Hidalgo, Veracruz, Tabasco, Puebla y la zona del Bajío.

A juicio de los expertos, es necesario que las instituciones públicas reelaboren los parámetros con los que hasta el momento han intentado comprender la nueva identidad religiosa. Es preciso ir más allá de la mera adscripción institucional de los individuos para comprender el mercado religioso y el tránsito que se hace a través de ellos.

Por otro lado, es ineludible ir más allá de la definición de lo "sin religión" y analizar las causas no religiosas que se ocultan tras dicha respuesta. Quizá, de esta manera, se podrá comprender un fenómeno cuya complejidad rebasa los esquemas establecidos hasta este momento.

En otras palabras, la pluralidad religiosa, como nuevo rostro social, será un distintivo del nuevo siglo. "Esperemos que las instituciones sepan estar a la altura de las nuevas circunstancias", concluyó Casillas. Para Blancarte, la identidad religiosa es una cuestión muy compleja. Siempre lo ha sido y lo es es aún más en la actualidad, debido a que la adscripción religiosa se ha vuelto parte del mercado. Entonces, tenemos múltiples ofertas y personas que están demandando respuestas. Esto ha llevado a lo que algunos especialistas han llamado "religión a la carta", donde cada quien escoge, dentro de las diversas tradiciones y ofertas nuevas de lo religioso, lo que le conviene.

Julieta Marín es periodista y Felipe Gaytán maestro en ciencias sociales por la Flacso.